CGT Delphi Cádiz
[PORTADA] :: Foros :: Inscribirse/Recibir novedades :: Redacción :: Contactar :: Toda la Web :: Seguir la vida del sitio RSS 2.0
Estás aquí: Portada > DTS > "Todo fue una mentira" ’Delphi no se cierra’: la Nissan gaditana y una (...)
"Todo fue una mentira" ’Delphi no se cierra’: la Nissan gaditana y una maldición de 13 años sin solución
Casi medio centenar de trabajadores siguen enredados en una maraña de paro de larga duración, juicios, impagos, hambre, suicidios y familias rotas. No quieren que en Barcelona se repita su historia fallida. Los olvidados de la eterna reconversión que sufre la industria desde los años 60 ’Cádiz, tenemos un problema’: la crisis golpeará la única industria que volaba
Lunes 8 de junio de 2020, por CGT DELPHI
0 comentarios   

Hoy a tirar por la calle de en medio", dijo Miguel Moreno y Juan José Cumplido se temió lo peor y le pidió que aguantase, que saldrían adelante, que algo llegaría de una vez por todas. Era octubre de 2014 y le recordó lo mismo que llevaban siete años repitiéndose entre sí el medio millar de ex trabajadores de la factoría gaditana de Delphi (una planta de fabricación de componentes de automoción cerrada en 2007 en Puerto Real) que todavía esperaban la solución prometida y firmada con la Junta de Andalucía. Qué más podía decirle. El 12 de octubre, día de la Hispanidad, el compañero que entró en la factoría el mismo día que Juan José, el 25 de noviembre de 1986, y salieron juntos el 31 de julio de 2007, apareció muerto en la calle.

Han pasado seis años más, pero el recuerdo de los compañeros que han fallecido (porque no solo ha sido Miguel… amén de los múltiples divorcios y familias rotas que se cuentan por muchas decenas) es lo único que llena de pausas el discurso amargo de quienes aún viven en una maldición laboral que suma 13 años y a la que se le añaden capítulos nuevos sin atisbo de un final. Como mínimo, para una buena parte de los 1.902 operarios que formaban la plantilla el día del cerrojazo la pesadilla continúa; en concreto, para los más de 400 que permanecen enredados en una telaraña económica, social, política y hasta judicial tanto tiempo después, tanta angustia engullida.La última gran paradoja arrancó en el año 2014 y aún colea. Todo lo que rodea este caso tiende a enquistarse. Y a empeorar. Hace seis años, la Administración central denunció ante múltiples tribunales a casi un millar de ex empleados de la planta gaditana a cuenta de un supuesto fraude de ley en la recepción de sueldos durante los cursos de formación que recibieron entre 2009 y 2012. Unos cursos que aparecen de forma recurrente en las causas vinculadas a los ERE de Andalucía y por los que la justicia no sabe a quién pedir explicaciones: administración, empresas... o trabajadores. Los ex de Delphi, a su vez, han denunciado a la Seguridad Social porque esta les borró de un plumazo esos tres años de cotización apuntados durante la formación dudosa. Generaron entonces incluso derecho a paro y disfrutaron de ello sin ninguna queja (y eran cientos y cientos como para no llamar la atención burocrática). Pero el Estado no fue a por ellos hasta pasado un tiempo en el que el cambio de partido en Madrid no fue casual.

"Ya solo pedimos que nos dejen en paz", resume Antonio Montoro, secretario provincial de FICA UGT en Cádiz y ex trabajador de Delphi, quien andaba preocupado esta semana en terminar una carta oficial de apoyo y mano tendida para su envío a Barcelona. Tan lejos de Cádiz, una multinacional de la automoción ha anunciado su marcha y los que pasaron por ello hace casi tres lustros no quieren que se repita el carrusel de errores, división, promesas a medias, mentiras completas, trincheras partidistas, filtraciones mediáticas y cruce de acusaciones sindicales que sepultaron sus historias personales.

"Que se mantengan unidos", proclaman tanto Montoro como Cumplido pero también Joaquín Sánchez, delegado de CGT durante las largas negociaciones con la Junta a finales de la década pasada: "Nos callaron la boca con imposibles". A cualquiera de los que salió de Delphi, ya esté prejubilado, ya encontrase un empleo en otra fábrica o en Dinamarca construyendo hospitales o siga sin empleo fijo o incluso viva en la calle, le entra escalofríos estos días cuando ve en la tele el clamor social en torno a una frase: "Nissan no se cierra". Ese mismo aullido tomó la Bahía de Cádiz en el invierno tardío de 2007. "Delphi no se cierra". Y Delphi, que fabricaba para una decena de grandes marcas, se declaró en quiebra, echó el candado el 1 de agosto y se marchó a Polonia, donde había construido una planta gemela a la gaditana y a cuyos operativos habían estado formando en la propia planta puertorrealeña hasta poco antes. Parte de la maquinaria pesada que salió a subasta por la administración concursal la compró a precio de saldo la propia empresa que, al instalarse en un nuevo país de la UE, volvió a cobrar las ayudas por creación de empleo ya cobradas en España.

"Recuerdo un día que estábamos con directivos polacos en un descanso para un café y dijeron que no podían pagarse el de máquina, que era muy caro. Fue entonces cuando me dijeron que los mejor pagados de la nueva planta iban a cobrar un sueldo cuatro veces inferior al que recibía yo, un simple currito. Les invité al café y no le di más vueltas, pero fuimos tan tontos", rememora Juan José Cumplido. Joaquín Sánchez sonríe amargo cuando se mencionan las ayudas recibidas durante décadas por una empresa que cambiaba cada poco de nombre y así engrosaba su cuenta de subvenciones públicas. "Como tantas cosas en aquellos primeros días se habló mucho de recuperarlas. Solo eso: se habló mucho y fue mentira todo"."No es que se hicieran las cosas mal en nuestras plantas, es que las empresas internacionales son así y España no es una potencia en el mundo de la automoción como para defender nada”, esquiva como puede la analogía entre Delphi y Nissan el secretario general de CCOO en Cádiz, Jesús Serrano. Operario él mismo en Visteon, otro fabricante de componentes para Ford con medio millar de asalariados que cerró en 2011, descarta la vieja letanía de absentismo y poca productividad que se sugiere a menudo cuando se recuerda el pasado industrial gaditano de las cuatro ruedas.

Pero si hay algo que sobrepasa el murmullo es el estigma que acarreará para siempre cualquiera que pasase por Delphi. Hasta el punto de que a más de uno le han recomendado, cuando ha ido a una oficina del paro, que quite de su currículum su paso por la factoría. "Porque no somos unos privilegiados, digan lo que digan... el mejor ejemplo está en que sigo sin tener trabajo seguido y me he tenido que buscar la vida en media Europa con trabajos puntuales. Hay muchos compañeros que pasan hambre todavía hoy", se defiende Sánchez. En campaña electoral

"No voy a fallar a los trabajadores de Delphi, ni a la Bahía de Cádiz ni a su derecho a la esperanza, al empleo, al progreso y al futuro", alzaba la voz para alentar al aplauso cerrado que siguió a estas palabras el presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero. Fue en Triana (Sevilla), el 20 de mayo de 2007, el último domingo antes de las elecciones municipales del 27 y ante centenares de trabajadores y familiares a los que se les pagó un autobús para escuchar la promesa de Moncloa. Al igual que él, las intervenciones del presidente andaluz, Manuel Chaves, no dejaban pasar Delphi y la puerta de la factoría se convirtió en el rincón más disputado por todos los partidos para celebrar ’canutazos’ durante la campaña.

"Nosotros no fuimos a buscar a la Junta, ellos vinieron a nosotros; dijeron que iban a instalarse 10 empresas mejores y que se iban a crear 10.000 empleos. Como me garantizó personalmente un representante de la Junta, no me iban a dar trabajo solo a mí sino a mis hijos… que entonces eran pequeños", recuerda Joaquín Sánchez con una sorna gaditana a la que la desesperación le ha quitado toda la gracia. Pasaron las elecciones y Delphi cerró. Fue ahí cuando empezó la verdadera maldición para su plantilla. Por mayoría abrumadora de la asamblea de trabajadores se aprobó la firma de un protocolo con la Junta en el que la administración se comprometía por escrito (aunque el documento no tenía base legal real, como alertó CGT y se descubrió luego) a buscarles un empleo equivalente y adecuado en la Bahía de Cádiz. En los años siguientes, hubo 15 modificaciones del escrito que iban ampliando el foco territorial y de empleabilidad y se fue bajando la edad de prejubilaciones desde 56 a los 50 años finalmente para aglutinar a cerca de 800 afectados.

Lo más importante, sin embargo, aquellas rutilantes empresas que iban a cambiar la cara de la industria gaditana, no aterrizaban. Del sector aeronáutico, de residuos, de tratamiento de algas… Los meses de paro se engullían prestaciones a toda velocidad. Luego vino al fin la primera, Gadir Solar, que abrió en 2009 y apenas duraría dos años con menos de un centenar de ex trabajadores de Delphi. A su estela, dejó una rocambolesca historia de subvenciones millonarias, créditos impagados y juicios múlti-ples para intentar recuperar esas ayudas.

Mejor ha ido con Alestis, una empresa de la pujante industria aeronáutica que quiso aprovechar la cercanía de Airbus en Puerto Real y que incorporó a su nómina a 350 ex de Delphi. Salvando los problemas actuales del sector a cuenta el coronavirus y a que muchos de los que jamás lograron entrar en la plantilla denuncian tratos de favor y selecciones a dedo según afiliaciones sindicales, es una de las empresas más importantes todavía hoy en la Bahía de Cádiz.Nada más. A eso se redujo la atracción empresarial tras la hecatombe de Delphi. Con lo que alrededor de un millar de operarios empezaron a encadenar curso tras curso desde 2007 a septiembre de 2012 y solo en esto la Junta gastó 120 millones de euros, cifra que, de haberse repartido de una vez a cada interesado le habría dado para pagarse el mejor MBA del mercado. Al revés: al firmar el protocolo famoso, los empleados también renunciaron a una indemnización mayor a los 45 días por año trabajado (Delphi ha llegado a pagar 90 días en algún cierre europeo) y se embarcaron en una ruta formativa precaria y polémica.

Con los dos primeros años no hubo mayor problema porque todos los implicados por el cierre disfrutaban de los dos años completos de prestación contributiva. La incertidumbre arranca en 2009, cuando ese millar de trabajadores aún en el proceso siguieron cobrando para asistir a una formación que, como denuncian muchos de ellos, "era un tapabocas porque no servía para nada; no eran cursos homologables a nada del mercado, sino que eran módulos sueltos para que no tuviéramos un título completo", señala Sánchez.

Juan José Cumplido, cuyo currículum recoge nada menos que 49 cursos impartidos en ese lustro a rebufo del Protocolo con Delphi, ahonda en la otra trampa que supuso la oferta: "Durante gran parte del proceso no podíamos salirnos de los cursos si queríamos seguir cobrando. Ni siquiera si nos surgía un empleo de unos meses. Eso cambiaría hacia el final, pero en los primeros años estábamos atados". Para un grupo de parados en torno a los 40 años, cada mes suponía un martillazo en sus posibilidades de empleabilidad. Aunque al menos se cobraba a final de mes. Eso era lo importante.Se convirtió en su condena pública. Aquella época cimenta definitivamente la maldición que pesa sobre los trabajadores de Delphi. Empezaron a salir noticias sobre visitas al zoo o al cine como materia habitual de los cursos. Además, la crisis económica daba dentelladas al empleo en la provincia con más paro de España y cualquier apoyo oficial se vio como una afrenta a tanto despedido o desempleado. Los ex de la vieja factoría de General Motors pasaron a ser vagos y aprovechados para una población que les había dedicado pasodobles de elogio en el Carnaval de 2008 y que había llenado las ciudades de la Bahía de pegatinas, carteles, pintadas (con el "Delphi no se cierra" de bandera). A día de hoy, todo se recuerda como una mancha en la historia económica local. Algo que roza el tabú.

O la discriminación directamente. Años después de terminar los cursos subvencionados, Cumplido se matriculó por su cuenta en una formación que le daba derecho a hacer prácticas en una gran empresa. Eran 12 y el primer día se les dijo que seguro que les necesitarían porque venía mucha carga de trabajo. Se contrató a diez y solo quedaron fuera los dos únicos alumnos que en su experiencia anterior aparecía Delphi. No les dieron más explicaciones.En cambio, lo que no alimenta la leyenda negra pública es lo que pasó desde el otoño de 2012. Esa parte de la historia casi queda entre los que la sufren. José Antonio Griñán, entonces presidente de la Junta, canceló su compromiso con los Delphi. Se acabaron los cursos y cualquier apoyo. Su sucesora, Susana Díaz, tampoco quiso mirar hacia la Bahía gaditana. Fin a las reuniones y a las promesas. Bastante tenía España con rescates y paro masivo. No había dinero para nada y en esto que ahora desde la Moncloa gobernada por el PP viene una nueva andanada concentrada en los cursos recibidos y por los que el Ministerio de Empleo exige hasta 20.000 euros a algún afectado. En paralelo, ese mismo año, la Seguridad Social les borró los años de cotización apuntados entre 2009 y 2012.

Por una cosa u otra, varias decenas de afectados iniciarían desde enero de 2014 un encierro en el edificio de los sindicatos en Cádiz. Allí estuvieron más de 1.000 días y levantarían el campamento a pocas semanas de cumplirse el decenio de pesadilla, que llegaría en febrero de 2017. Lo hicieron por cansancio y futilidad. No habían logrado nada."Es todo política y el PP decidió atacar a la Junta metiendo presión sobre los Delphi", apuntilla Antonio Montoro, de UGT, para explicar la ofensiva en los tribunales y para quien no ha habido administración que haya recuperado el problema de Delphi con verdadera intención de ayudar. Más bien al contrario, ya que se ha usado como arma arrojadiza a rebufo de las sentencias en torno a los ERE. "No tiene ningún sentido que se haya decretado la responsabilidad de los gobiernos y de las empresas fraudulentas y ahora a los únicos a los que se les piden que devuelvan el dinero es a los trabajadores de esos cursos", resume el portavoz sindical con mayor representación todavía entre los 419 nombres que penan de juzgados de paz gaditanos al Superior de Andalucía y vuelta a Cádiz.

Quizás algo cambie ahora, toda vez que se empezó a contactar con el actual Gobierno de PSOE y Unidas Podemos justo antes de estallar la pandemia, según relata Montoro. Con la boca pequeña se usa el ’quizás’ desde hace mucho tiempo. "Yo no espero nada", replica Juan José Cumplido desde su casa en Puerto Real, donde una vez que se divorció de su mujer, utilizó el amplio salón vacío de vida familiar para almacenar los alimentos que se recolectaban para entregar a familias de Delphi sin nada que comer.

Juan José anda participando en videoconferencias con trabajadores de Seat, Renault y Nissan en Barcelona para contarles su historia y advertirles sobre posibles promesas inviables. Tanto él como Montoro, número dos de la UGT industrial en Andalucía, coinciden en lo único que deben salvaguardar durante el proceso de cierre: "Hay que mantenerse unidos". "A nosotros nos separaron poco a poco y míranos ahora, sin futuro y sin pasado y sin nada en lo que trabajar", concluye Cumplido antes de acordarse otra vez de Miguel, el compañero de San Fernando que no pudo aguantar más: "Para los que nos dicen que somos unos vagos, el recuerdo que siempre me quedará de él será cuando se montó un pequeño atril junto a su lugar de trabajo para poder trabajar con las manos al mismo tiempo que leía los libros de la carrera de Graduado Social. Que nadie diga que no luchaba porque es la peor mentira de todas las posibles. Y de mentiras sabemos mucho los de Delphi. Mentiras y más mentiras".

Comentar este artículo
Esqueleto "AulaLibre 3.0" desarrollado por   CGT  para SPIP | Con   FIREFOX  nos veremos mejor ;-)
Creative Commons License Los contenidos de este sitio están bajo una licencia de Creative Commons.